martes, 16 de agosto de 2011

Tema del dia 97

PODEMOS TENER AQUELLO QUE DIGAMOS
No son los problemas gigantes los que nos mantienen lejos de la bendición, sino los gigantes del miedo en nuestros corazones


En Mr 11:23 encontramos la “fórmula de la fe” para mover cualquier montaña que se nos interponga en el camino. Ya sea que su montaña en particular sea una enfermedad, seres queridos no convertidos, dificultades financieras o problemas familiares, podemos encontrar la solución en estas palabras dichas por nuestro Señor Jesús: Mr 11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. La última frase dice: “lo que diga le será hecho”. En otras palabras, pueden tener lo que digan. Lo que DIGAN en su fe hablando. Esto opera tanto en forma negativa como en forma positiva, como podemos ver en la historia del Antiguo Testamento de los doce espías que fueron enviados a Canaán a espiar la tierra. 


UN REPORTE DE MIEDO
Nm 13:17-18,25,27-28,30-32 Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; … Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días … Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac… Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura


De los doce espías que fueron a espiar la tierra prometida, solamente dos, Josué y Caleb, eran hombres de fe y de visión. Dijeron: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”. Los otros diez regresaron con un reporte negativo, lleno de miedo, diciendo que había gigantes en la tierra. La Biblia llama a eso un “reporte maligno”. ¿Por qué? Porque era un informe de duda y temor. ¿Qué es entonces un reporte bueno? Un reporte de fe. Los diez espías asustados eran la mayoría, y los hijos de Israel aceptaron el reporte de la mayoría. Al hacerlo, dijeron que no podrían conquistar la tierra. Y recibieron exactamente lo que dijeron. Estos espías, y el resto de esa generación de israelitas – con excepción de Josué y Caleb – nunca vieron la tierra prometida. Creyeron que no podrían tomarla, y no pudieron. Vagaron en el desierto hasta que murieron. Lo que dijeron, fue hecho. El ejemplo de éstos es un ejemplo de fe a la inversa. Después de todo, ¡incluso cuando dudan están creyendo algo pero de forma negativa! Están creyendo en la derrota, en lo que dice el diablo. En la vida casi siempre obtenemos lo que creemos y decimos. Si no creyéramos en lo que decimos, no lo declararíamos. Pero a veces decimos tanto y por mucho tiempo algo que creemos, que esas palabras a la larga pueden controlar nuestra vida, porque han sido registradas en nuestro espíritu. 


UN REPORTE DE FE
Nm 14:6-9 Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis


Notemos el buen reporte de Josué y Caleb. Su confianza estaba en el Señor y sus corazones estaban llenos de fe de que Dios era capaz de llevarlos a la tierra que Él les había prometido a sus antepasados. Dos veces exhorta a la gente  a no temer. ¿Y cuál fue el resultado de su reporte de fe? ¡Fueron los únicos dos hombres de su generación que entraron a la Tierra Prometida! Nosotros podemos obtener lo que decimos. Mucha gente se pregunta por qué no puede curarse. ¡Y la respuesta está en su pregunta! Porque están declarando que no pueden. Sus palabras los delatan. Podemos conocer a las personas por lo que dicen, pues de la abundancia de sus corazones hablará su boca. Antes de orar por las personas, deberíamos tratar de que hagan alguna clase de confesión de fe. Por ejemplo, preguntarles si serán sanados cuando pongamos las manos sobre ellos. Si la respuesta es que “esperan” que así sea, debemos enseñarles que entonces no sucederá, porque están dependiendo de la esperanza y no de la fe, y deberíamos instruirlos a que crean lo que Jesús ha dicho y a que “sepan” que así será porque, si Jesús lo ha prometido, entonces sucederá conforme a nuestra fe. Otros hacen una confesión con alguna pequeña duda, y es esa duda pequeña la que los vence. Sin embargo, aquellos con una confesión rápida, llena de fe, lo reciben casi instantáneamente. No es algo grande lo que evita que los hijos de Dios sean sanados, o que reciban aquello por lo que han clamado. No fueron los gigantes de la tierra de Canaán los que mantuvieron fuera a los hijos de Israel. No fueron los gigantes quienes los vencieron. De haber sido los gigantes, hubieran vencido también a Josué y Caleb. Pero no, la gente se derrotó a sí misma por su propio pensamiento y su propia declaración de incredulidad. Así que no son los gigantes de la vida quienes nos derrotan. No son las grandes tormentas de la vida las que nos vencen. Si alguien está derrotado, es debido a él mismo. Se ha derrotado a sí mismo por los pensamientos, creencias y confesiones erróneas, porque pueden obtener lo que dicen. Josué y Caleb dijeron que podían vencer a los gigantes. Después de cuarenta años de vagar por el desierto, y después de que toda la generación que aceptó el reporte maligno de los diez espías se hubo muerto, Josué se volvió el líder de ellos. Él y Caleb condujeron a Israel a la victoria. Cuando Caleb vino con Josué y le dijo “Dame esa montaña”, Josué volteó al pasado y notó que su fe los había llevado a la victoria con anterioridad. Entonces, queriendo ubicar a Caleb, le preguntó si podía tomar la montaña (Josué quería escuchar la confesión de Caleb, así como Jesús frecuentemente preguntaba a algunos que si creían que el podía hacer el milagro que necesitaban). Le dijo a Caleb que había gigantes. Pero Caleb, lleno de fe, le dijo que era capaz de tomarla, y así lo hizo. Muchas cosas pasan porque esperamos que pasen de cierta manera. Suceden porque creemos y hablamos, hasta que son hechas. Cualquiera puede descubrir en sí mismo que esto es verdad. Los científicos han descubierto que, si bien el cuerpo envejece y el cerebro se endurece gradualmente, nuestro interior (lo que la Biblia llama alma), no envejece – por eso es que nadie siente envejecer. La Escritura dice que aunque nuestro cuerpo exterior se desgasta y muere cada día, sin embargo nuestro espíritu se renueva. Podemos creer lo que dice la Escritura, y mantener nuestra mente y fuerza estables a pesar del paso del tiempo, tal y como sucedió con Caleb: Jos 14:6-12 Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Algunas veces fracasamos porque estamos listos para fracasar. Nos preparamos para fracasar. Lo pensamos, lo creemos y lo hacemos. Como creyentes, sin embargo, no somos quiénes para hablar sobre fracaso o dudas. Debemos hablar con fe. He 10:39 nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.